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Friday, April 10, 2009

¿Tratar de crecer o hacerlo?

…Además en mis tiempos libres arreglo computadoras.

Nada de nuevo hasta allí excepto tal vez que no tengo tiempo libre. Pero tampoco se decir que no. Lo que hace que tenga cinco computadoras listas para ser arregladas y que posiblemente cuando arregle una ya no se consigan repuestos adecuados.

Pero no quiero escribir sobre computadoras. Sino sobre el tiempo que no tenemos y que se ha convertido en la cosa más preciada para nuestra civilización. Es hora de reclamar nuestro tiempo y volverlo nuestro.

Y no se vaya a pensar que voy a dar una clase de superación personal en donde diré algunas frases positivas, le daré la vuelta a algún concepto e introduciré una metáfora nueva que canalice esa búsqueda. Nada de eso porque recuerden que ni yo mismo tengo tiempo.

Y no tengo tiempo de escribir ese discurso de superación, ni tengo tiempo de arreglar computadoras y tengo que escribir rápido porque no tengo tiempo de escribir.

Voy en camino a mi propia destrucción.

Eso si, no me detengo y voy a tratar de descubrir que es lo que ocupa mi preciado tiempo.

Yo recuerdo que mi abuelito se levantaba, iba a trabajar en la finca, desayunaba, perseguía vacas, iba al pueblo a vender y comprar cosas, volvía a recoger frutas y no sé qué cosas mas pero entre todo lo que hacía lo único que no recuerdo decirle era que no tenía tiempo.

¡Ese infeliz que me enseño a amarrar burros en un árbol no se tomo la molestia de enseñarme a reposar!

Debo parar aquí y sacar el tiempo de mostrarles algo: Notaron que hace tres párrafos yo escribí: “Eso si, no me detengo y voy a tratar de descubrir que es lo que ocupa mi preciado tiempo. Esa frase tiene todas las características de alguien que no va a sacar tiempo para nada. Nótese que la frase está condicionada a algo más. “eso si…” Nada surge de una condición porque en cuanto lo que causa la condición desaparece, yo me detendré. Y miren la frase en donde dice: “…y voy a tratar de descubrir

El Verbo TRATAR significa NO HACER.

Es como si el novio enamorado se para en la iglesia, y con ojos dulces le dice a tu hija: “y voy a tratar de ser un buen esposo”. Ya sabemos que va a pasar. El infeliz ya está divorciado y aun no se ha casado.

Ahora hablemos de la palabra “infeliz”, Ya sé que se dieron cuenta que la utilice con mi abuelo. Mi abuela no hubiera visto con buenos ojos que yo trate así a su esposo. Mi padre me gritara en cuanto lo descubra pero tiene un sentido y es el significado de las palabras.

¿Qué tiene esto que ver con que no tengo tiempo para arreglar computadoras?

¡Ahí está la raíz del conflicto!

Nos hemos convertido en una civilización que no se concentra. Y todo lo causo los discos compactos.

¿Se acuerdan ustedes, y me refiero a aquellos afortunados que escucharon, bailaron y se enamoraron mientras escuchaban un disco de vinilo, se acuerdan que uno escuchaba un disco entero, le daba la vuelta y lo seguía escuchando todo?

Pues los discos compactos acabaron con eso. Después se inventaron el MP3 y ¿notaron que paso? ¡nadie volvió a escuchar un disco completo! Eso paso.

Ahora somos una civilización que escucha medio disco, nos inventamos los mosaicos y en las discotecas encontramos gente que mezcla música.

¡Somos ineficaces! Nuestros proyectos duran treinta segundos.

Voy a parar. Me canse de correr a la velocidad que no se ni quien me impone. Voy a tratar de escuchar una canción completa.

¿Tratar?

Voy a escuchar las canciones completas. Solo aceptare computadoras cuando lo pueda hacer y terminar mi trabajo. Solo aceptare invitaciones a fiestas cuando este decidido a ir, solo tendré novia cuando mi esposa me deje.

Porque soy casado y a veces se me olvida que mis decisiones deben ser un compromiso de mutuo acuerdo.

Y ya me Salí del tema… prosigo: Solo recibiré llamadas telefónicas cuando tenga tiempo de hablar por teléfono y además no volveré a llamar infeliz a mi abuelo que fue el que me enseño a arreglar computadoras.

No que el tipo las haya conocido. Se hubiera muerto mucho tiempo antes si llega a ver una película en un monitor, pero con su forma de ser, me estaba inculcando a hacer una cosa a la vez y a no quejarme, cosa que yo no aprendí porque no tenía tiempo de ver mensajes subliminales. Por ejemplo él una vez me llevo al pueblo y me monto en el mismo burro en el que iba sentado. De pronto empezó a hablar.

Nada de raro hasta aquí solo que me di cuenta que iba hablando solo. Yo me quede callado escuchando la conversación que el tenia con no sé cuantas personas y yo detecte que eso era algo que los viejos hacían en su edad dorada.

¡falso!

Por no tener tiempo de apreciar las cosas con más calma fue que no me di cuenta de lo que en realidad estaba ocurriendo: El infeliz me estaba enseñando a escribir. El no se molesto en enseñarme el abecedario o al manejo de las tildes en las esdrújulas. Nada de eso. Eso él se lo dejo a mi abuela. Pero el me enseño a soñar. Fue como una manera de decirme: Si no tienes con quien hablar, invéntate los personajes y te maravillara las conversaciones que tú mismo puedas tener.

El viejo se murió un día sin darme ni un solo consejo. Pero ahora cuando escribo algo, se que el viejo se asoma tras de mí para asegurarse que lo estoy disfrutando y para reírse el solo, al saber que aunque él no me enseño a manejar mi tiempo, si me mostro como soñar y que cuando empezara a escribir algo, no tuviera miedo, de no saber que decir porque al final solo iba a escribir sobre algo más grande que yo: Mi tiempo.



Saturday, March 21, 2009

La Basura

Imagínate si paras....

Ya se que no te puedes mover.
No tienes deseos de hacer nada.
Estas cansada.
Siéntate. Prepárate un café.
O un agua de hierbas.
Y piensa en los años que han pasado.

A veces te sientes que te has esforzado tanto y no puedes ver el valor de eso. No ves los frutos.

¿Frutos?

Déjame te cuento algo. Mis abuelos vivian en una finca. Tenían muchos árboles de frutas. Mandarina, naranja, guayaba, mangos, café ...etc.

La cocina estaba a un costado de la casa y ella había tomado la costumbre de botar toda el agua que utilizaba en la preparación de los alimentos, al pie de un mandarino que estaba en el patio de su casa.

Aquel árbol en el que yo me subía y me quedaba mañanas enteras comiendo mandarinas se convirtió en un árbol inmenso. Imagínate el árbol más grande de mandarina. Con muchas ramas. Era de alto como una casa de 3 pisos. Y si nunca has visto un árbol de mandarina tan grande y crees que estoy delirando, solo cree en mí.

Era inmenso.

En tiempo de cosecha, nadie podía tomar una mandarina de aquel árbol.
Solo ella estaba autorizada por ella misma a tomar sus frutos y lo hacia porque llevaba la cuenta exacta de cuantas mandarinas le sacaba.

No recuerdos sus números, pero recuerdo que cuando ella me los decía yo no le podía creer y si no fuera por la capacidad que tenia para los números la declararía una anciana demente.
Era asombroso ver aquel árbol lleno de frutos en su tiempo de cosecha.

Frutos.....

Así es. Y mi abuela no se quejaba cuando el arbolito no tenía nada que ofrecer que no fuera su sombra. Debe ser que por dentro mi abuela sabía que en aquellos troncos corría la sábila más fértil de mi pueblo. Y ella sabía por que... por toda el agua con peladura de
papa, con el agua que había limpiado las cebollas y lavado la carne con sangre coagulada.
Basura, dirían algunos... un verdadero tesoro, diría mi abuela.

Y así es tu trabajo. A veces cuando los miras muy de cerca, ves basura, no ves su valor y su verdadero fin.
Mi abuela tiraba esa agua, las gallinas se espantaban, los perros corrían a ver si algún pedazo de carne se había quedado allí, y el mandarino se tragaba todo eso.

¿Y en tiempo de cosecha?.... nadie se acordaba de la "basura" con que se había alimentado. Creo que ni mi abuelita se acordaba.

Así es nuestra vida.

Debemos hacer cosas y a veces tirarle "basura" a nuestro objetivo, porque ¿sabes que? Es
basura solo si tu la llamas así.

Si tu dices que lavarle la ropa a tu esposo es de esclavas, pues asi debe ser. Pero si tú lavas la ropa y le agradeces al jabon que permite sacarle la mugre a aquellas prendas que una vez limpias le permitirán hacer lucir mejor a tu pareja, entonces aquella labor no será de esclavas. Será un honor hacerlo y si tu esposo decide traer una persona a que lave por ti, hasta te puedes poner violenta de solo pensar que te quitan el derecho a hacer algo que al fin de cuentas los beneficia a los dos. ¿No vas a querer que tu esposo llegue cochino y maloliente a la iglesia, no?

Pero hay algo más. Cuando mi abuela empezó tirandole el agua sucia al mandarino no se imagino que un día tendría que llevar libros de contaduría para poder contar los beneficios.

¿Que tal?

¿No te excita la idea de empezar a mirar cada cosa que tú haces con más valor aunque hoy no le veas el valor?

¿No te excita la idea que tu nieto se burle de ti como lo hago yo de mi abuela, contándole a sus hijos que su abuela un día se gasto una semana entera leyendo el manual de una video grabadora porque no iba a permitir que nadie que no fuera ella misma, grabara el momento en que su hija recibiera el diploma?

¿Te imaginas a tus hijos apenados porque todos se ríen de la vieja que mas grita cada vez que el delantero hace un gol, eres tú? Pero es que nadie entiende más a la madre del "delantero" que la madre misma. Y no intentes explicarles que detrás de cada gol, hubo noches de trasnocho y momentos de soledad. Como explicarles que ese diploma no es de papel, sino de largas noches pensando si planchar una camisa valdrá la pena.
Como explicarles que el ultimo gol no empezó cuando el "delantero" patio con fuerza. ¿Como explicarles que ese gol empezó a generarse cuando tú lo cargabas de pequeño y le cambiabas el pañal cada 2 horas en lugar de las 4 recomendadas porque tú no querías que su rabito se quemara?

Mi abuela le echaba agua sucia al mandarino.

Eso dirán los que solo miran.

Los que ven, veran una vieja que sabe que para desenterrar un tesoro, primero tienes que enterrarlo y para enterrarlo, debes empuércate las manos. Y eso no es basura. Eso es un honor.